jueves, 24 de abril de 2014

CELEBRA EL DÍA DEL LIBRO...LEYENDO EN HORAS DE TRÁFICO

Celebra el día del libro leyendo en horas de tráfico

El tráfico en la ciudad de Lima y en otras ciudades del mundo es una oportunidad para quienes viajan sentados, puedan leer su novela favorita o leer el periódico. Qué mejor manera de celebrar el Día Internacional del Libro, que abrir las páginas de un libro -Cien años de Soledad, por ejemplo- y leer mientras viajamos en el bus, o en cualquier medio de transporte público.

Según el Colegio de Ingenieros del Perú, un limeño se pasa hasta un cuarto de su vida viajando en combis y buses; lo que representa un tiempo valioso para los pasajeros y pasajeras que, en vez de mirar por la ventana y dormirse, puedan aprovechar las horas de tráfico para leer.

¿Se puede leer en movimiento? Sí, podemos. Lo veo todos los días. Escolares y universitarios, de día, de noche, leyendo sus cuadernos, libros, poesía, algunos escriben poemas en las últimas páginas de sus cuadernos; también los adultos, que prefieren leer el diario, uno de cincuenta céntimos, pero leen. También las señoras, algunas abren sus pequeñas biblias, pero leen. 

La idea no es dictarle a las personas lo que deben leer, sino simplemente ponerse a leer. Tal vez, algunos, por imitación, puedan animarse a hacer lo mismo.

Algo muy importante, a su vez, es la seguridad que debe existir en las rutas. Es decir, no podemos leer tranquilos y seguros, teniendo choferes como los de la Empresa Orión y otras empresas de transporte, que se niegan a participar de la reforma del transporte. 

Pero la reforma del transporte, como cualquier otra reforma, empieza también por la educación que reciben las personas desde sus hogares y escuelas. La lectura es la mejor reforma. 

Ahora tenemos y tendremos modernos sistemas de transporte público, como el tren eléctrico y el Metropolitano, que aunque no lo crean, existen momentos en que se liberan los asientos - o tienes la suerte de viajar sentado- y puedes aprovechar para leer. 

No olviden llevar siempre un libro bajo el brazo o en la mochila, o en la cartera. Si tu perfume te quita espacio, reemplázalo por un libro. Quita la botella de ron que llevas en tu mochila a la universidad, y pon allí un libro.

Como integrante y miembro fundador del "Colectivo Promovamos la Lectura en las Combis"  (@Yoleoencombis), te deseo un felíz Día Internacional del Libro, y te animo a celebrarlo leyendo en horas de tráfico.

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martes, 15 de abril de 2014

¿POR QUÉ FRACASAN LOS PAÍSES? PORQUE NO LEEN


La revista Semana Económica publica el artículo Ya fue tu pregunta, Zavalita de Lucía Benavides, en el cual hace referencia al libro Why Nations Fail de Daron Acemoglu y James Robinson; y donde además, a mi parecer, exhorta a todos los Zavalitas del Perú a dejar de inquirirse ¿cuándo se jodió el Perú?, sino “ponerse a trabajar”.


Concuerdo con Benavides, sin embargo, me atrevería a decir que una de las causas por las cuales los países fracasan es por el bajo nivel de preparación intelectual de su gente. Dicho de otro modo, porque su gente no lee.

En Why Nations Fail se desmitifica que las condiciones geográficas y la diversidad multiétnica, sean las razones por las cuales fracasa un país; todo lo contrario, los autores aseveran que su éxito radica en crear instituciones inclusivas, y no excluyentes. Considero que impulsar la lectura en la sociedad, puede ser una de las alternativas. Tu mejor Green Card es tu cabeza.

Un profesor universitario me dijo que el progreso del Perú dependía de una revolución industrial, y por lo tanto debía crearse más empresas e industrias. ¿Y quiénes pondrían en buena marcha esas industrias sino gente preparada? Olvidaba que el factor humano es imperante para el desarrollo; y contrario a su revolución industrial, propongo una revolución intelectual: Poner al Perú a leer.

Una persona que lee tendrá más herramientas para desarrollar su creatividad empresarial; defender sus derechos; como padre o madre formará mejores hijos; y todo esto hace una mejor sociedad y un Estado más inclusivo, porque no olviden que el Estado somos nosotros. Why Nations Fail no te dice: ponte a leer para que no fracases. Miguel Ángel Cornejo, el creador de tigres de papel, tampoco lo dice.

Leer también fomenta la unión entre países contra odios históricos. No conozco español que siga quejándose de la invasión árabe pero sí muchos peruanos que aún lamentan la conquista española. Leer reduce las brechas raciales y sociales. Hoy, firmamos Tratados de Libre Comercio, pero para competir hay que prepararse todos los días. La economía es un resultado de tu preparación intelectual: cuánto sabes y cómo lo aplicas en tu realidad.

A propósito, un cuento para el próximo CADE: Dicen que una vez un empresario visitaba Catacaos, Piura. Miraba por la ventana de su auto una flota de buses interprovinciales y le dice a su chofer: “Ese parece un buen negocio. ¿Quién será el dueño?”. El otro le responde: “Son suyos, señor”.

Benavides dice: “Si tuviera la oportunidad de hablar hoy con Zavalita, le diría que deje de conversar tanto y se ponga a trabajar”. Muy bien dicho. Podríamos empezar porque los peruanos lean más. Los capitanes y reyes siempre estarán allí, pero cuando una sociedad lee tiene la facultad de hacer grandes cambios.

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viernes, 28 de marzo de 2014

A LA ATLÁNTIDA EN BICICLETA

Dos ruedas, una cadena de transmisión y una estructura de metal con un asiento cómodo son suficientes para explorar la noche limeña y sus encantos en lugares inimaginables.

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ESCRIBE ARTURO VALVERDE
FOTOS: MELINA MEJÍA
Esa noche, en Ventanilla, varios vecinos de Ciudad del Deporte se despertaron con un sobresalto. A lo lejos, no se veía más que un grupo nutrido de lucecitas aproximándose a prisa con un zumbido, en la oscuridad; sin embargo, como los terrenos libres en la zona han sido siempre un bocado apetitoso para los traficantes, no era descabellado pensar en un nuevo intento de invasión.
“¡Somos ciclistas, no somos invasores!”, exclamó Marko Palacios, para tranquilizar a la gente que había salido a las puertas de sus casas con pijamas y palos de escoba. Aquella vez, Marko lideraba al grupo de Lima North Cycling en uno de sus habituales recorridos nocturnos por la periferia de la capital: sobre dos ruedas, los ánimos dan para adentrarse en sectores por los que muy pocos desearían caminar, ni siquiera de día.
Esta es una de las múltiples anécdotas que Marko recuerda con una sonrisa y la imaginación volcada en el pasado, en el momento en que decidió fundar –un año atrás– un club para amantes del ciclismo. En la aventura, lo acompañaron cuatro de sus amigos: Cristopher, César, José y Eder. “En este club solo necesitas tener las ganas; eso y una bicicleta”.
Pedalear por las noches, contra el tráfico y con una pléyade de choferes que raras veces respetan a esta pequeña galaxia de luces, es la especialidad del experimentado grupo. Todos saben que la pasión tiene sus riesgos: una vez, un chofer de combi le cerró el paso a uno de los ciclistas y lo tumbó sin miramientos; en otra ocasión, un conductor bajó de su auto para romperle la bicicleta a otro deportista. El tipo estaba ebrio. Un policía se encontraba cerca del lugar.

CON RUEDAS Y SIN DROGAS
Marko Palacios luce algo gordito, pero dice que el peso no es impedimento para pedalear con el equipo de Lima North Cycling, al que -gracias a Facebook- se han unido dentistas, arquitectos, abogados y otros profesionales. Junto a ellos, Marko ha iniciado una nueva carrera: trabajar con los distintos municipios del Cono Norte para que se respete a los ciclistas. Además, desea promover la inclusión de este deporte en los programas de desarrollo social dirigidos a los jóvenes de la zona, como alternativa para una vida sana, lejos de la violencia de las calles y la droga.
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LA PROMESA
Lima North Cycling está cerca de celebrar su primer aniversario. En este tiempo, nuevos integrantes se han sumado a la aventura de recorrer el Cono Norte. Uno de ellos es el menor de iniciales J. J., quien a sus quince años dedica la mitad del tiempo a sus estudios escolares y la otra mitad al ciclismo. Por supuesto, “primero debe hacer sus tareas”, dice Marko, quien se ha convertido –igual que todos– en parte de una familia para el joven pedalero.
J. J. vive en Comas y maneja el “bumble bee” del mundo de las ruedas. Una escultura de caños atravesados que poco a poco fue ensamblando con la ayuda del padre de un amigo, propietario de un taller de reparación de autos. Llantas, frenos, cadenas y demás piezas fueron adquiridos con las propinas que ganaba como ‘jalador’ en el emporio de Gamarra. Allí, su hermana tiene un puesto de ropa. J. J. anima al público a entrar al local.
A pesar de su corta edad, ha participado en varios campeonatos en Ventanilla. Pero como no cuenta con los medios necesarios para comprar una bicicleta apropiada para este tipo de competencias, sus compañeros le prestan una.
“Me gusta manejar mi bicicleta”, dice. El año pasado, J. J. quedó en segundo puesto entre mil participantes de la competencia Jhon Alhuay Quispe, nombre de un ciclista que murió atropellado en 2007, a la altura de Oquendo, en la célebre avenida Néstor Gambetta.

LA ATLÁNTIDA
A mediados de marzo, respondiendo a la convocatoria de Marko, cerca de veinte ciclistas se reunieron en las inmediaciones de la municipalidad de Los Olivos para emprender una nueva travesía: la ruta ‘Tahua’, apócope del distrito de Tahuantinsuyo. La meta era llegar a la cúspide del cerro más alto de la zona, un lugar al que ellos han denominado ‘La Atlántida’, en memoria al mítico continente perdido y descrito en los textos del filósofo griego Platón, hace más de 2,300 años.
El recorrido comienza en la avenida Carlos Izaguirre y continúa hacia Túpac Amaru, hasta la senda por donde se llega a las faldas del cerro. A las 8:00 de la noche, Tahuantinsuyo parece impenetrable. A partir de ese momento, los ruteros saben que no hay marcha atrás. En el trayecto, el camino se hace cada vez más empinado, tanto que los ‘colectiveros’ que peinan la zona deben pisar el acelerador a fondo para ganar las partes altas.
Por momentos, algunos ciclistas se rezagan en la odisea nocturna, pero nadie se queda sin luchar. Su arma es biomecánica: un par de piernas, dos ruedas de aluminio y un sistema de músculos que pedalea con todo vigor. En este pelotón de incansables, la noción de ‘último puesto’ no existe: todos son ganadores.
De pronto, los corredores llegan a una zona oscura, donde las luces de sus cascos son lo único que alumbra pista y baches, rumbo a una pendiente pronunciada. Allí, detrás de los arbustos y los cactus, rodeada por edificaciones inconclusas, se descubre ante ellos una plataforma circular de columnas pétreas, similares al ágora popular de la antigua Grecia. El lugar, en penumbra, recibe a los viajeros. Han llegado a la meta. Sin duda, Platón, se equivocó al situar la Atlántida en el mar Mediterráneo. La Atlántida está en Tahuantinsuyo.

Esta crónica fue portada y central del suplemento VARIEDADES del diario EL PERUANO (N°362, Lima 28 de marzo de 2014)

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Lee también: http://condenadoaescribir.wordpress.com/2014/03/28/a-la-atlantida-en-bicicleta/
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miércoles, 19 de marzo de 2014


PERDIDOS EN LA FERIA DEL HOGAR

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“Si no te perdiste en la feria, no tuviste infancia”

Por Arturo Valverde

El regreso de la Feria del Hogar, después de diez años, evocará en la memoria de muchos de nosotros los entrañables momentos que pasamos en los juegos o el show del Gran Estelar. Yo recuerdo algo, el día que se perdió mi bisabuela.

Esa trágica tarde, la bisabuela Herminia vestía un pantalón negro, una camisa floreada, y una bufanda para prevenirse de algún mal viento. Nosotros estábamos a su lado con el resto de la familia que, al igual que los miles de asiduos visitantes a la feria, se distrían en los stands comerciales.

La bisabuela tenía un apetito voraz. Tan pronto como llegamos a la feria, nos encargó un combinado de mazamorra morada y arroz con leche. El postre de su devoción. Cumplimos su deseo, y seguimos nuestro recorrido.

Nosotros, los bisnietos, queríamos subirnos a los juegos. La tía, la prima, la madre, querían ver ropa o muebles. Papá, quería que se apuren. ¡Apúrense! Clásico, ¿no? ¿Y la bisabuela? ¿Qué quería ver?

Cuando quisimos prguntarle, era muy tarde. La bisabuela había desaparecido. Sin darnos cuenta, la octogenaria mujer, vecina del Cercado de Lima, al ladito de la Iglesia de Santa Rosa, que veía al ex Presidente Augusto B. Leguía, pasar con su caballo, mágicamente, se perdió en medio de la multitudinaria asistencia.

Rápidamente formamos grupos de búsqueda. Tú buscas por allá, y ustedes por allá, y nos encontramos aquí en media hora. Miren bien dónde estamos. Recuerden que en ese tiempo no teníamos celulares. 

Buscamos en todos los stands pero no la encontramos. Hasta que, uno de nosotros, distinguió a lo lejos a una insaciable mujer, devorando con su cuchara de plástico un rico postre, sentada en una banca. Junto a un tacho gigante.

Al parecer, mientras todos estábamos abstraídos con la colorida feria, la bisabuela decidió descansar para degustar el postre limeño. No nos quedó otra opción que esperar que terminara de comer. Luego, no la perdimos de vista, ni un segundo. Hasta que murió a los 99 años.

Si la bisabuela estuviera con nosotros no se perdería la Feria del Hogar, que abrirá sus puertas en julio. Tomaría un taxi al Centro Cultural Deportivo Lima, en Chorrillos. Comería sus postres, arrasaría con todo, y cantaría en el Gran Estelar, que según cuentan, contará con trece artistas nacionales y siete del extranjero. 

Que levante la mano aquél que nunca se perdió en la Feria del Hogar.

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viernes, 28 de febrero de 2014

VIAJE ESTELAR

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Con ayuda de un potente telescopio instalado en un domo, los físicos del Planetario Nacional Peruano-Japonés lo invitan a explorar la inmensidad del espacio. Nunca habíamos sido tan pequeños ni tan trascendentes.

ESCRIBE: ARTURO VALVERDE  
FOTOS: HÉCTOR VINCES
Link:  http://condenadoaescribir.wordpress.com/2014/02/28/viaje-estelar/

¡Vi algo, creo que es la Luna! -grita entusiasmada Estrella, la pequeña de cuatro años a quien su padre ha llevado a visitar el Planetario Nacional Peruano-Japonés “Dr. Mutsu- mi Ishitsuka”, en Ate. Desde hoy, esta niña que gusta de contemplar el cielo nocturno de Lima por la ventana de su casa no volverá a ser la misma.

“El objetivo de ‘Tardes de telescopio’ es hacer que la gente tenga la experiencia de observar diferentes cuerpos celestes que desde Lima, al menos, son más visibles en verano”, informa el físico Mario Zegarra Valles, del Instituto Geofísico del Perú (IGP).

Con la ayuda de un telescopio, él es el encargado de ‘transportar’ hacia otras dimensiones a los visitantes del planetario.

Los encuentros se realizan tres días por mes, hasta marzo, y son elegidos por las condiciones del cielo limeño, ese trozo de inmensidad que para algunos tiene el color gris de sus calles y para otros -como Mario Zegarra- es tonalidad marrón.

El viaje comienza a las 18:00 horas. Zegarra conversa con cada uno. Todos esperan que a las 20:00 horas el cielo se abra para mostrar sus tesoros. Con suerte, hoy unas veinte personas trendrán ‘a tiro de piedra’ a Mercurio, Venus,  Marte, Júpiter, y Saturno.

Apaguen el GPS
La fila avanza y entramos en el domo del planetario, una especie de cine con la pantalla sobre nuestras cabezas. La profunda oscuridad que nos rodea se diluye con la aparición de un cielo donde el Sol está a punto de ocultarse. De pronto, una Luna llena entra a escena y tenemos la sensación de estar atrapados en una botella.

“No hay dos atardeceres iguales -comenta Abita Quispe, física del IGP-. Ahora vamos a ver las estrellas”. Cientos de puntos iridiscentes empiezan a alumbrar la sala del domo y todos somos trasportados al espacio exterior.

El grito de sorpresa de los niños -los más entusiastas- provoca sonrisas en el auditorio. “Los chiquitos son los más curiosos, se atreven a expresar abiertamente sus emociones. Les llaman la atención los planetas”, agrega Zegarra. La pequeña Estrella continúa entre el público, al lado de su padre, viendo como ‘Las tres Marías’ forman el Cinturón de Orión.

Abita Quispe mantiene el interés de los asistentes con sus explicaciones sobre las constelaciones: Escorpio, Géminis y la Cruz del Sur. Entonces, ofrece un consejo de oro: “Si alguna vez se quedan sin GPS y han perdido la orientación, solo deben encontrar la Cruz del Sur y ella los guiará”.

“Hace poco, tuvimos un curso para los profesores, para que transmitan estos conocimientos a sus alumnos. La astronomía es la ciencia más antigua y estará con nosotros hasta el fin de los tiempos”, acota Zegarra.

¡Ahí está la Luna!
La pequeña Estrella está al final de la larga fila de espera. Antes de mirar por el telescopio, la gente recibe indicaciones de los guías del IGP, que entregan mapas del cielo con referencias para las 19:30 horas. Los participantes observan las cartas e identifican cuerpos celestes como la Luna, Capella, Júpiter, Sirio y Betelgeuse, entre otros.

“A mi hija le fascina mirar las estrellas, por las noches. Así que decidí a traerla al planetario para estimular su curiosidad”, cuenta el padre de Estrella. Su corta edad, sin duda, no será impedimento para que sea testigo, por primera vez, de las maravillas del universo.

El tiempo corre y, a lo lejos, surge la primera estrella de la noche -una que acompaña a la Luna, abriéndose paso entre las nubes. Mario Zegarra gira el telescopio y apunta los poderosos lentes en su dirección.

Dos niños son los primeros en mirar por el telescopio: “¡Apunta bien el ojo!”, le dice uno al otro. “Ahí está la Luna. ¡Veoun puntito en blanco!”. “¡Se movió, se movió!”. El cielo cambia a cada minuto y si uno quiere observar los planetas debe ser paciente. Virtud difícil de exigir a un grupo de niños tan animados.

El cielo se abre nuevamente y una niña flota sobre la Tierra, sostenida por los brazos de su padre. El papá de Estrella levanta a la niña hasta el telescopio. Ella patalea en el aire, mientras coge con sus manitas el telescopio. “¡Es la Luna!”, exclama con emoción. Todos miran hacia el firmamento, como esperando el momento de ignición para despegar, rumbo a otros mundos.

Encuentros cercanos
El equipo del planetario nacional tiene programadas tres últimas funciones de “Tardes de telescopio” para este verano. Las fechas son el 6, 7 y 8 de marzo, a partir de las 18:00 horas. La institución se ubica en la calle Badajoz 169, cuarta etapa de Mayorazgo, Ate. Los interesados pueden escribir al correo planetario@igp.gob.pe o llamar al teléfono 317-2323.

Crónica publicada en el suplemento VARIEDADES del diario EL PERUANO (Año 104//3ª etapa// Nº 358// Lima, 28 de febrero de 2014). 

DÍAS DE CORTE

Por el acero afilado de sus tijeras han pasado boleristas, empresarios adinerados, curiosos y periodistas. Hoy, en su pequeño local de Ingeniería, sus manos trabajan al ritmo de Hendrix, Jagger y The Beatles.

Link: http://condenadoaescribir.wordpress.com/2014/01/25/dias-de-corte/

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ESCRIBE: ARTURO VALVERDE 

FOTOS: MELINA MEJÍA

 Hace 52 años, Manuel Ortega Santos viajó desde la provincia de Bolognesi, región Áncash, hasta la ciudad de Lima. Traía una maleta y el sueño de ser peluquero. “Cuando era chico, cortaba el cabello de mis tíos y primos, allá, en la provincia”, dice con la mirada en lo alto, cuando el teléfono suena. En realidad, no ha parado de sonar desde hace muchos años.

– ¡Aló! –sujeta el auricular con la mano derecha–. Ya, vente en la tarde, a las 2 y media. Chao, hermano.

Al igual que en el mejor de los restaurantes, donde el comensal debe reservar con anticipación una mesa, del mismo modo a Manuel hay que llamarlo para “separar turno”. Durante su vida, ha trabajado en distintos lugares y por los filos cortantes de sus tijeras han pasado desde cantantes criollos hasta periodistas, baladistas y emprendedores en busca de un conveniente cambio de look.

“Cuando llegué a Lima, empecé a trabajar en la casa de mi hermana”, cuenta, mientras abre la puerta de su vivienda, cuya sala se ha convertido en un lugar íntimo y agradable, donde atiende a sus clientes más fieles. “A veces, vienen algunos con sus hijos. Y pensar que yo les cortaba el pelo cuando eran niños y tenía que subirlos al banquito. Ahora son más altos y fuertes”, relata con nostalgia.

Origen de una vocación
Un hombre ingresa a la sala y toma asiento en uno de los sillones. Manuel lo contempla y dibuja en su mente la cara que está por transformar. “Hay que mirar el rostro, estudiarlo; ver cómo puede lucir mejor”, apunta, como repitiendo una lección que aprendió hace mucho, cuando compraba la revista El tocado. “Era una revista muy buena; en una página tenías la teoría y en la otra, la parte práctica”.

Un buen día, Manuel decidió buscar trabajo. Así, recuerda que la primera peluquería en donde prestó servicios se ubicaba cerca de la plaza Dos de Mayo. “El dueño no cuidaba bien su negocio. Los peluqueros no usaban trajes, no eran limpios”. El aseo y la presentación son muy importantes para él. “Una vez, el dueño me acusó de gastar mucha agua. Le respondí que debía lavarme las manos para atender. En ese tiempo, a los clientes nunca les lavaban la cabeza en la peluquería”.

Pero la historia tenía reservados unas tijeras de acero inoxidable y un salón para Manuel, que pasó a trabajar en un local del jirón Puno, en el Cercado de Lima. Se presentó, ofreció sus servicios y –listo– contratado. Era extraño verlo, pues era muy joven en comparación con sus colegas que aún usaban bigote estilo bolerista.

La peluquería se llamaba “El Campeón”, antiguo salón de corte. “Yo sabía ganarme a la gente. Además de arreglarse el pelo, les cortaba el vello de la nariz, de las orejas, perfilaba el bigote. Siempre andaba de buen humor y hasta bailaba al son de la música”. El costo por corte de  abello era de tres soles de oro. Al terminar cada servicio, Manuel siempre recibía un sol más que sus colegas: la propina, señal inequívoca de que el cliente se iba satisfecho.

“Cierto día, llegó un hombre bien vestido. Gabán y sombrero. Parecía sacado de una película de Los intocables. Me dijeron que trabajaba en un periódico de por ahí cerca”, intenta recordar con dificultad. “Le dije: ¿Señor, no se va a atender? Sí, joven, pero estaba esperándolo a usted; esa fue su respuesta”. Allí, fue el campeón durante cinco años.

Por aquel entonces, le llegó la noticia del nacimiento y expansión de una nueva urbanización al norte de la ciudad, Ingeniería, en el distrito de San Martín de Porres. Si el corte de cabello valía tres soles en otros locales, en el naciente barrio Manuel cobraba 10. “¡Y la gente, pagaba; calladita!”.

Era 1968. Manuel –que como buen provinciano escuchaba rock, salsa y huainitos– atendía a sus clientes como cualquier otro día, cuando de pronto ingresó un hombre vestido muy elegante. Chaleco de lana, zapatos con tacos aperillados y un Longines que resplandecía al sol. Era don Moisés Mosquito, dueño –en aquel entonces– de la línea 50, la empresa de ómnibus de pasajeros más grande de Comas e Independencia. Luego de ser atendido, el cliente se dirigió al peluquero: “Joven, quiero que también corte el cabello a mis hijos y a mis nietos”. Los hijos de don Moisés aún estaban en edad para darle nietos. Manuel recuerda la anécdota con cariño.

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Años de sicodelia
Pasó cuatro años trabajando en aquel local, compartiendo las ganancias. Manuel era uno de los más caros, pero a la vez uno de los más solicitados. Hasta que un día se decidió por alquilar un local propio. Hacerlo suyo. A su estilo. Así fue que empezó como independiente en la tercera cuadra de la avenida Eduardo de Habich, entre la Panamericana Norte y la emblemática avenida Túpac Amaru.

Corría el año 1970 y el emprendedor estilista se consiguió algunos pósters de Los Beatles, Pink Floyd, Jimmy Hendrix y Emerson, Lake y Palmer, entre otras bandas de la época. Con los coloridos afiches, empapeló las paredes de su salón. “Solo podías ver los espejos”, explica. Se compró también un tocadiscos y empezó la era sicodélica en el negocio. Él iba a trabajar en jeans, camisa floreada, y cadena de plata al cuello. Usaba una cabellera abundante, como la del “Puma” Rodríguez en su mejor momento.

En la puerta, colocó un fluorescente que alumbraba un lila cegador. Como el techo era blanco, Manuel dibujaba guitarristas, aves, chicas, con el humo de una vela encendida que colocaba en el extremo de un palo de escoba. “Estaba loco en ese tiempo”, se ríe, cual hippie extraído del túnel del tiempo.

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Tijeras y revistas
A la vez que adquiría longplays, empezó a comprar las revistas Penthouse y Playboy. “En ese entonces, las únicas revistas de chistes eran Lulú, Superman y La Bruja Hermelinda. Aún no había Condorito”. Sin duda, no eran del gusto de su público. Así que a los jóvenes les entregaba las revistas prohibidas entre un periódico. “A veces solo venían a verlas y se iban”, ríe.

Aunque siempre soñó con que, algún vez, estrellas como Hendrix y Jagger entraran a su salón, cierto día, otra clase de estrella llegó. Era el cantante de boleros Iván Cruz. “Venía mucha gente, baladistas como Mitchell, por ejemplo”. La voz de estos clásicos del bolero aún resuenan desde los amplificadores Phillips que Manuel ha instalado en su sala. Tiene más de 200 longplays, que, por turnos, aún giran en su tornamesa Technics. “Los discos de vinilo siempre serán mejores que los CD. El sonido no tiene comparación”.

“Ahora me llaman Cristóbal Colón –dice–, porque aquí les descubro la pinta a todos”. Manuel tiene tres hijos, está felizmente casado y aún no piensa en jubilarse. “Mientras haya cabello que cortar, siempre habrá Manuel”, proclama en tono de aforismo.

Manuel Ortega, aquel joven que empezó su carrera a los 17 años, está a punto de cumplir 70. “Aunque el 69 me gusta más”. Hace su broma y solito se ríe, antes de darme un calendario que conservaba escondido detrás de unas cortinas. Es la imagen de una rubia en tanga, apoyada sobre las teclas de un piano de pared. En el reverso, se lee: “Manuel – Alto estilismo. Les desea a todos sus clientes y amigos un venturoso año 2014”. El timbre del teléfono se mezcla con el inicio del Dark Side of The Moon, de Pink Floyd. “Ahora sí, ¡que empiece la magia!”, da un tijeretazo certero y el primer mechón negro cae sobre el parqué.

(Crónica para el suplemento VARIEDADES, del diario EL PERUANO, publicada el 24 de enero de 2014)

martes, 25 de junio de 2013

EL TEMA NO ES AMPLIO: LEA



¿Te imaginas subir a una combi y darte con la sorpresa que los pasajeros viajan leyendo, con un libro en sus manos? Si tú puedes imaginártelo, yo creo que puede ser una realidad. Para ello, junto con Jorge Carrillo y Cecilia Conga, fundamos el Colectivo "Promovamos la lectura en las combis", que tiene como meta motivar la lectura en todos los espacios públicos y todos los medios de transporte.
En la actualidad, somos testigos de los diversos problemas sociales de nuestro país. La delincuencia, el pandillaje, la drogadicción y la violencia en todas sus manifestaciones conducen a los integrantes de una sociedad hacia un mal ánimo y desesperanza, ante la casi imposible tarea de luchar contra esta problemática.
Frente a esta, nosotros proponemos como una de las posibles soluciones, la lectura. Un hombre o una mujer que lee crece como persona, crece como profesional. La lectura puede hacernos mejores hijos, mejores padres. Si los jóvenes leyeran no buscarían en la violencia el medio para expresar su disconformidad frente a los problemas que puedan atravesar, cada uno en su realidad. Tendríamos más jóvenes incursionando en facetas más productivas, como el arte.
La lectura además es una respuesta frente a la tan mencionada "falta de oportunidades", porque nadie podrá negar que una persona que lee amplía su creatividad que puede ser aplicada en los negocios. Un lector ve más oportunidades. Un lector sabe como autogenerar su propia economía. Encuentra más de una solución frente a un problema.
Además, la lectura es la respuesta frente a la tan criticada, por algunos sectores, sobre la "educación" que se imparte en las aulas de colegios como universidades. Un estudiante que lee será un mejor doctor, ingeniero, periodista, será un mejor político que pueda comprender con un panorama amplio los problemas de su país y podrá encontrar soluciones creativas para hacer frente a la pobreza o injusticias sociales.
Aquellos que les gusta el debate, viven de la crítica y el análisis, dicen siempre al final: "El tema es amplio".
¡No, señor!. Es hora de hacer, de construir. Es hora de andar sobre la marcha e ir haciendo frente a los baches, rompe muelles, vallas que en nuestro camino aparezcan.
Hemos hablado mucho, hemos vagado mucho -tal vez juntos- hemos vivido y vivimos con pasión por nuestros ideales; algunos estamos cansados de ser testigos de la historia y hemos empezado por convertirnos en actores de la historia. 
Cuando se lanzó el Colectivo "Promovamos la lectura en las combis", tuvimos como objetivo lograr que la gente lea más, ver más gente leyendo, que los niños vean a sus padres leyendo e imiten este ejemplo.
La crítica dice: "En una combi no se puede leer, me muevo mucho". "Me voy a quedar ciego".
Algunos son muy literales y extremistas cuando menos deben. No le digo súbase y póngase a leer. Por último, la combi, es sólo un símbolo.
Decimos que si existe la oportunidad de leer mientras viaja, hágalo. Aproveche su tiempo. 
Aproveche el tráfico para leer. 
Verá usted como leyendo se avanza más rápido.

Arturo Valverde
Lima, 25 de junio de 2013