lunes, 13 de octubre de 2014

HILOS DE LA HISTORIA

La historia de nuestro país se escribe por partes, y aquellos interesados en conocerla debemos sumergirnos en una búsqueda continua por encontrar esos retazos para luego hilvanar cerca de 200 años de historia republicana, y más de mil años de cultura.

Como lector, reproduzco algunos fragmentos que más han llamado mi atención, son: La historia del Tahuantinsuyu, de María Rostworowski, quien desenmascara el mito alrededor del Inca Garcilaso de la Vega y juzga la veracidad de los Comentarios Reales: “¿Sería este mito la versión oficial sobre el origen de los Hijos del Sol? Es posible que el arreglo de la leyenda narrada por el Inca escritor sea obra del propio Garcilaso, como una manera de presentar el mito a lectores europeos. Es por eso que conviene buscar otras versiones, más andinas, del relato fundacional” (El mito de los hermanos Ayar. IEP. 3era Edición. Pág. 31).

Asimismo: “¿A qué se debió la actitud de Garcilaso de esconder y trastocar los acontecimientos? Según el razonamiento europeo, no había ninguna razón para relatar en forma tan diferente la historia inca. La explicación debemos buscarla en los más puros criterios indígenas que aplicó Garcilaso, juzgando los acontecimientos con toda la pasión existente entre las panaca, que en el Cusco formaban bandos políticos” (El vencedor de los Chancas.IEP. 3era Edición. Pág. 58).

Una visión diferente a la “historia del colegio” es la que ofrece el historiador, Rubén Vargas Ugarte en el Tomo II de Historia General del Perú, quien en una lámina, figura: “Casamiento de don Martín García de Loyola, gobernador de Chile, sobrino de San Ignacio de Loyola, con doña Beatriz Clara Coya, heredera y princesa del Perú, hija del príncipe don Diego SAYRI Túpac, último rey, y de doña Beatriz Cuziguarcay que en el año 1558 recibieron sacramento del bautismo, siendo ambos descendientes de Manco Capac…”

Un fragmento que no he encontrado en ningún libro de historia, aún, es una placa que vi cuando tenía 20 años. Decía: “A Don Diego de Almagro, en honor a la raza judía sefardita del Perú.1985”. ¿Podría este fragmento darnos una mirada religiosa a la división de Pizarro y Almagro sobre los territorios de la conquista?

Es imposible encontrar la historia de nuestro país bajo un solo sello. Algunos la escriben con aires indigenistas, republicanos y religiosos. Sin embargo, rumbo al bicentenario de nuestra independencia, urge la necesidad de que los peruanos conozcan su historia. La tarea es personal, y dependerá de cada uno de nosotros hallar el camino.

ArturoValverde_escritorDELPAIS

sábado, 13 de septiembre de 2014

BOMBA EN CASA

diarioperuanoopinionsendero 

Cuando el cabecilla terrorista Abimael Guzmán fue capturado, tenía 8 años y cursaba el tercer grado de primaria. Lo poco que recuerdo es la imagen de un hombre gordo y feo en mi televisor, que me causaba cierto temor al verlo enjaulado, vociferando y agitando el puño.

El suceso que acercó más a mi familia con el terrorismo fue cuando dejaron una ‘caja de galletas’ en la puerta de nuestra casa. En realidad, era una bomba. Mi padre decía: “¡Aléjense de las ventanas!”

Esa noche, mi familia salió en televisión. Algunos que recién llegaban de trabajar se encontraron cara a cara con el despliegue policial que trataba de desactivar el explosivo.

En una segunda ocasión, volverían a dejarnos otra caja de galletas pero, para nuestra suerte, solo contenía ropa vieja. Pero el miedo ya estaba en nosotros.

En 2005, mi primo, el mayor PNP Marino Martínez Palacios, jefe de la dependencia policial de Aucayacu, fue asesinado por terroristas de Sendero Luminoso junto a siete policías. Qué orgullo pertenecer a una familia que luchó y lucha contra el terrorismo.

Asimismo, recuerdo los clásicos cumpleaños con apagón incluido. Así como las veces en que debíamos usar los petromax, y mi abuelo y mi padre se turnaban para bombear la lámpara hasta que encendiera. Mi madre aprovechaba para leerme un cuento a la luz de las velas. Cuando salíamos a la calle por el Centro de Lima, recuerdo que mi madre solía decir: “Ese carro viejo parece coche bomba, mejor crucemos, caminemos rápido”. Sentía que estaba en un videojuego y alguien se divertía a expensas del sufrimiento de otros.

Como los celulares no eran tan populares como ahora, siempre debíamos llamar de un teléfono público para avisar que habíamos llegado bien. Cuando no llamábamos, en casa prendían la radio y la tele para ver los noticieros.

Ahora que seré padre comprendo la enorme responsabilidad de contarle a mi hijo lo que pasó aquí. Los años de terror que sufrimos. A mí no vengan con esa palabrita de “violencia política”. No, señores. Y lo primero que haré será formarlo como un gran lector para que nadie lo engañe.

Todos tenemos el deber de contar lo que pasó en nuestro país a las futuras generaciones, para que esta historia no se repita.

Sin embargo, aún hay una bomba en nuestra casa y se llama Movadef. No esperemos que la mecha encienda y nos explote a todos en la cara.

miércoles, 27 de agosto de 2014

LA REFORMA DEL PASAJERO

Una propuesta imaginativa para educar a los usuarios del transporte público

El caos vehicular de nuestra ciudad generaría pérdidas anuales por 20 mil millones de dólares que, según Luis Gutiérrez, secretario general de la Asociación Latinoamericana de Sistemas Integrados de Transporte y Buses de Rápido Tránsito (SIBRT), inciden principalmente en la salud pública, la operación de transporte y la economía familiar.
Lima, al igual que otras ciudades del mundo, puede revertir el impacto negativo del caos vehicular viendo en el problema su solución. El Colegio de Ingenieros del Perú, señalaba que los limeños invertían una cuarta parte de su vida viajando en el transporte público.
Mi primera propuesta es que los pasajeros inviertan las horas de tráfico y tiempo de viaje en leer. Si vas en bus o en taxi, lleva siempre un libro. Conozco testimonios de autores que han escrito sus primeros libros mientras viajaban.
Propongo también que, en vías a tener un mejor servicio y mejores unidades de transporte público, el Estado, la empresa privada, las editoriales, los medios de comunicación e incluso la banca, vean en el transporte público un medio de inversión.
La Casa de la Literatura Peruana y la Municipalidad de Lima, podrían implementar en el “Mes de las letras peruanas” (abril) y en la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL), la difusión de audiolibros de nuestros principales cuentistas en los buses. O, podemos instituir un “Ida y vuelta con tu autor favorito”. ¿Te imaginas escuchar un cuento de Julio Ramón Ribeyro en el bus, o viajar con tu escritor favorito a la FIL? Ecuación: Las editoriales ganan más lectores, el pasajero se educa, el país avanza.
La mejor forma para combatir las pérdidas económicas en cualquier campo, es la creatividad, y qué mejor cuando el Estado y la empresa privada se unen. Estoy seguro que ambos saldrían ganando.
Los buses y cualquier medio de transporte público pueden convertirse en un medio para educar al pasajero. No habrá reforma del transporte en Lima ni en cualquier ciudad del mundo, sino empezamos a educar al usuario, incluso desde el colegio. Apostemos por la reforma del pasajero, que conllevará a la reforma del transporte.
A través del “Colectivo Promovamos la lectura en combis”, se buscó inicialmente incidir en la problemática del transporte con una propuesta creativa. Yo he visto a algunos pasajeros del Metropolitano leyendo sentados y parados. Siempre hay un asiento vacío esperando por un lector.
La “Cumbre de Ciudades Líderes en Movilidad Sustentable en América Latina”, que se realiza en Lima, reuniendo a más de 50 alcaldes de América Latina, es una oportunidad para ver en el transporte público un medio para educar al ciudadano-pasajero. El próximo alcalde de Lima, debe asumir este reto.

@ArturoValverdeP

Artículo de opinión publicado en El Montonero

PISTAS Y CULTURA


¿Cuál es el presupuesto municipal para la promoción cultural?

No todo es pistas y veredas. A dos meses de celebrarse los comicios electorales para elegir a los próximos alcaldes distritales, la ciudadanía ha sido embelesada, endulzada, con la promesa de la escalera, la reparación de veredas, la loza deportiva, la lucha contra la delincuencia, etc. Sin embargo, ¿sabe usted cuáles son las propuestas de desarrollo cultural de estos candidatos?
Los medios de información nos ayudan a conocer el plan de gobierno de algunos de ellos, aunque, a decir verdad, ¿cuántos de nosotros hemos oído que un candidato, diga: Mi gestión mejorará la biblioteca municipal, impulsará la creación de concursos literarios, ferias de libros…?
No soy muy asiduo a los concursos literarios pero encuentro que, por ejemplo, en España –sí, el país a donde migran y residen algunos escritores-, ofrece cerca de 44 concursos literarios de poesía, cuento, novela, teatro, solo para el mes de agosto. Estos concursos son impulsados por instituciones educativas y por los ayuntamientos o municipalidades.
¿Recuerda usted, cuántos concursos literarios se realizaron en su distrito en estos últimos meses o años? Si no lo recuerda, entonces su municipalidad no supo informar o simplemente, no realizó ninguno. Tal vez sí recuerda qué grupo cantó en el aniversario de su distrito o cómo celebró el alcalde su cumpleaños.
La importancia de que las municipalidades impulsen concursos literarios es el impacto en la promoción de la lectura, principalmente en los niños y adolescentes. Además, serviría de estímulo para los jóvenes, quienes pueden ser nuestros próximos escritores o premios nobel. Los gobiernos locales son actores claves para acercar la literatura a la comunidad. Señoras y señores candidatos, ¿cuál es el presupuesto que destinarán para la promoción cultural?
Si los gobiernos municipales se sumaran a impulsar la lectura en sus respectivas localidades, podría tener un impacto positivo frente al reducido número de libros que lee un peruano al año. Hace dos años, el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), ubicó al Perú entre los países con menor porcentaje de lectura de libros a nivel de Latinoamérica (35%), en comparación con Argentina (55%) y Chile (51%), que registraron los porcentajes más altos. Los peruanos leemos en promedio entre uno a dos libros al año.
Sin duda alguna, una pista, una “torre de vigilancia” o un parque, son obras tangibles para sus electores, mientras que una biblioteca o feria de libros, no rendirá tantos votos con rapidez. Sin embargo, apostar por la educación es trabajar por el futuro de la comunidad; es apostar por el verdadero cambio en nuestra sociedad. ¿Cuánto aportan los gobiernos locales en el fomento de la lectura?
Si quiere luchar contra la delincuencia, apueste por la cultura y la educación. Los adolescentes, a veces sin rumbo, pueden encontrarse a través de la lectura o en un club para jóvenes. Convoque a los artistas de su localidad y embellezca su gris distrito o región. Convoquen a la inversión privada, identifiquen las universidades o centros educativos de su localidad, a las editoriales de todo tamaño, y hagan una obra más grande, que es acercar la cultura al vecino.

Artículo publicado en El Montonero 

martes, 5 de agosto de 2014

LA REFORMA DEL ALUMNO


Por Arturo Valverde

Necesitamos una reforma del alumno más allá de cualquier ley universitaria; y esta empezará cuando aquél comprenda la importancia de leer y leer más.

Estoy convencido que el alumno que no lee se condena al oscurantismo. A pesar del número de facultades y carreras profesionales que pueda ofrecer un sinnúmero de universidades o institutos; es poco probable poder garantizar mejores profesionales si estos no ven más allá de lo que les enseñan en sus centros de estudio. No necesitamos más doctores o eminencias, necesitamos mejores personas y ciudadanos.

El estudiante del Siglo XXI se desarrolla en un ambiente educativo más amplio, sin barreras, en comparación con las limitantes que podría tener el estudiante del siglo XVI, aquél testigo del descubrimiento de otro continente; el alumno “navegante o mareante” como decía Germán Arciniegas. O de aquellos estudiantes que debían luchar contra el determinismo histórico y científico. El estudiante del Siglo XVIII, testigo de la revolución de las ideas, el imperio de la razón y el regreso del hombre al centro del mundo. El estudiante del siglo XIX, insuflado por el fervor de la libertad.

Sin embargo, a pesar de contar con un mayor acceso a la información, el estudiante del siglo XXI se especializa en el “copiar y pegar”, y pocas veces se exige más a sí mismo. Sin duda alguna, el profesorado tiene el deber de cultivar un pensamiento crítico en sus alumnos desde el colegio. Pero recuerden que el alumno que no lee podría ser el profesor del mañana. Y maestro es aquél que enseña más allá de su materia o sílabo académico.

El alumno debe publicar más, escribir más, producir trabajos de carácter intelectual que aporten al debate nacional o académico. En un país tan multifacético como el nuestro, hay muchos temas por explotar como la revisión de la historia, la economía, la literatura, la biología, el medioambiente, la arquitectura.

Además, impulsar la lectura en los universitarios les permitirá entenderse entre ellos mismos. El abogado con el médico, el arquitecto con el artista. Los periodistas, ni qué hablar: están más que obligados a leer de todo para escribir con propiedad de todo y para todos.

No sé cuánto influye la universidad en que estudias si no te interesa estudiar, pero todos quieren su cartón. Hay unos que ocupan el último asiento para leer y otros para dormir. Al final, cada quien destaca de acuerdo a su capacidad y preparación intelectual. El estudiante debe revolucionarse a sí mismo.

El alumno que lee se cuestiona, duda, cultiva la libertad. Decía un Quijote: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida”.

Alumno: Lee, aunque sea por consideración a tu alma. Lo demás es puro negocio.


fotoarticulo_arturovalverde

Artículo publicado el 05 de agosto de 2014 en el semanario El Nacional
 

lunes, 21 de julio de 2014

IMÁGENES PAGANAS

Guiado por su afición de coleccionista, Jorge Bustamante tiene en su poder más de 3,000 fotografías fúnebres, muchas de ellas fechadas en el siglo XIX. A la par, ha asistido a más de 2,000 entierros y lo seguirá haciendo.
Escribe: Arturo Valverde
Por principio. “No le temo a la muerte”, asegura Bustamante, propietario de una colección de imágenes fúnebres y algunas calaveras.

Por principio. “No le temo a la muerte”, asegura Bustamante, propietario de una colección de imágenes fúnebres y algunas calaveras.
Esa tarde, Jorge descubrió un envase de lata donde su madre solía depositar recuerdos trascendentales de la familia Bustamante Arce. Dentro del recipiente se apilaban decenas de retratos y fotografías de momentos estelares: una boda,
banquetes con los parientes y alguno que otro cumpleaños. Empero, una foto captó la atención de Jorge: un grupo de hombres ante un ataúd, de terno y corbata, de pie y de espaldas a uno de los pabellones del cementerio Presbítero Maestro. En ese momento, Jorge aún no se convertía en anticuario ni imaginaba que 30 años después necesitaría más de una lata para archivar las 3,000 fotografías de funerales y entierros que baraja como las figuritas de un álbum.
“No tengo miedo a la muerte”, responde sin demora, con los ojos bien abiertos. Se sienta sobre el tapete de su sala y empieza a repartir las fotografías de su colección:
-Mira esta –me dice–. Es una niña muerta.
-¡Imposible, está de pie!
La escena muestra a una niña que rodea con uno de sus brazos a su muñeca de porcelana. Tanto la pequeña como su juguete tienen el mismo peinado y la misma mirada fría, lo único que las diferencia es el vestido y un sombrerito.
La colección Post mortem de Jorge Bustamante abarca desde mediados del siglo XIX. Para ser exactos, estos retratos surgieron años después del inicio de la fotografía, allá por 1839. Sin embargo, antes que Louis Daguerre hiciera público el invento de la fotografía y mucho tiempo antes de los experimentos de Joseph-Nicéphore Niépce, el ser humano ya buscaba perennizar ese último instante.
Ejemplo de ello son los retratos de personajes históricos en su lecho de muerte, como el del escritor Jean Paul Marat, de estilo neoclásico, realizado por el pintor Jacques-Louis David en 1793, cuando Francia vivía el reinado del terror. Aquí, en Lima, contamos con el retrato post mortem de Isabel Flores de Oliva o Santa Rosa de Lima. La historia da cuenta que a su deceso, su padre pidió al pintor italiano Angelino Medoro que retratara a su hija. A él le debemos la aproximación física al rostro de la santa.
-Si miras con atención, notarás que hay una especie de soporte detrás de la niña –dice Bustamante.
El soporte de madera al que hace mención era usado tanto para las personas con vida como para las ya fallecidas. El uso de este artículo se debía a la técnica fotográfica del siglo XIX, la exposición frente a daguerrotipos duraba tanto que las personas debían mantener una postura única hasta el término de la toma. Por eso se apelaba a aparatos para sostener la postura que, por su macabra apariencia, hoy deberían estar en el Museo de la Inquisición.
En la colección de Bustamante hay también fotos en que los familiares aparecen sentados a la mesa, disfrutando de un sabroso almuerzo junto al fallecido. Asimismo, parejas de hermanos posando para la cámara: uno vivo; el otro, muerto.
Ahora, Jorge trae consigo otra caja de plástico y pone sobre la mesa la foto de un bebé muerto en su cuna. Cruzamos miradas e imaginamos a una madre en su cama, despertándose, bostezando, tal vez un instante de flatulencia antes de levantarse y mirar, los 365 días del año, el mismo cuadro de su pequeño rodeado de flores y velas. “Debió ser una auto flagelación, una penitencia”, dice el coleccionista. Apartamos el tétrico retrato para observar un estuche verde en cuyo interior están dispuestos diez rizos de color castaño amarrados por un lacito anaranjado. “¡Son los rizos de Shirley Temple!”. Bromeamos por un instante para espantar la sombra de la muerte. En medio de los bucles está el retrato de una niña de sonrisa dulce. Tiene los ojos cerrados y un chupón en los labios. Para Bustamante, esta pieza es como el holograma del álbum, la figurita más codiciada.
Detrás de este coleccionista de 53 años hay una repisa con una selección de santos cuyas extremidades pueden flexionarse. Instalada, en medio de ellos, está la muerte coronada. “Perdí la cabeza de éste santo y decidí ponerle una calavera”, dice Jorge para aclarar que se trata de una casualidad. Sin embargo, en su pared cuelga el retrato de otra calavera enorme, obra del artista Blas Isasi. El anticuario toma una de las tantas calaveras que adornan su sala y se sienta delante del trono de la muerte.

 DE MUERTE Y TABÚ
Las fotografías post mortem se realizaban momentos antes de que el cadáver entrara a la fase de rigor mortis, esto es, un promedio de tres a cuatro horas antes que los músculos se tornaran rígidos. Estas imágenes son una evidencia de una idea romántica acerca de lo que la muerte representaba para la sociedad de mediados del siglo XIX. Hoy por hoy, se ha vuelto una especie de tabú.

OTROS ESPACIOS
También hay un espacio para los vivos y los seres terrenales en la casa de Bustamante. Allí están los retratos de familiares en vida –repito, en vida–, los que adornan las paredes de su casa. Además, tiene algunos jarrones con caramelos que te invita a probar, pero quizás lo más sorprendente es el retrato de tamaño real de Florcita Polo –la hija de Susy Díaz– que tiene en su ducha, como en un cofre de mayólica y vidrio. Imagino que para él deben ser unos baños cuasi orgásmicos. Total, como dirían los franceses, hacer el amor es como una petite mort. Pero ese es otro tipo de entierro para Bustamante.
Esta crónica fue publicada en el suplemento Variedades del diario oficial El Peruano, el 18 de julio de 2014.

También en: http://condenadoaescribir.wordpress.com/

ElPeruano_Calaveras

jueves, 12 de junio de 2014

LABERINTO

(segunda parte)

Imagen

Envuelto en la oscuridad, Velarde encontró la paz en el propio laberinto de sus pensamientos. Cerró los ojos. Se imaginó libre por el jardín, recogiendo de la tierra los trozos desperdigados de galletas y dulces, cuando sus ojos se iluminaron con un hilo de luz que descendía desde lo alto. “Sí –se dijo– la oscuridad siempre precede a la luz”.

Se levantó y siguió el rayo que parecía elevarlo de la matriz del laberinto que lo había albergado, como un hijo en el vientre de su madre.

Escaló por los muros siempre con dirección hacia la luz, que aumentaba su resplandor.

La salida estaba cada vez más cerca, cuando repentinamente la boca del túnel empezó a cerrarse, eclipsada por un sol negro que al mismo tiempo emitía ruidos y voces que producían un fuerte estruendo. Velarde, intentó cubrirse los oídos pero el sonido retumbaba con mayor intensidad.

Entonces cerró los ojos y pensó en esa luz, en su interior, la luz que habría de guiarlo. Avanzó contra el ensordecedor sonido. El laberinto comenzó a sacudirse. Las rocas se destruían unas contra otras y el sol, aquél astro negro, reinició su ciclo de rotación sobre el cielo, dando paso a la claridad. Estaba muy cerca de alcanzar la libertad. Asomó por el hoyo del laberinto y vio el verde jardín, esperándolo. Sólo debía tomar impulso, lanzarse al exterior, y el césped lo recibiría como un colchón fresco.

-          Es ahora o nunca –se dijo.

Se lanzó.

El viento recibió su cuerpo mientras caía lentamente sobre el jardín que, a esa hora, estaba atestado de estudiantes que se tumbaban sobre sus mochilas antes de ingresar a sus clases, en la universidad.

-          ¡Hey, Dante, el profe ya llegó!

El muchacho se quitó los auriculares de los oídos.

Sonaba una canción de Led Zeppelin en su Ipod. Immigrant song.

-          ¡Qué dices! –le preguntó.
-          El profe, Dante. Tenemos clases de biología –dijo la chica.

Estaba aturdido.

-          ¿Qué sucede?
-          Nada, es que sentí como si un bicho caminara dentro de mi oreja –dijo.

Se rascó con la uña larga del meñique y extrajo algo de cerumen.

La joven puso cara de asco.

-          A lo mejor estaba soñando –se dijo.
-          Eso, o tienes la cabeza llena de hormigas y bicho raros, querido.

La joven se rió, le dio un beso y se fueron juntos.

En el césped, un prisionero corría a prisa:

-          ¡Libertad! ¡Libertad! –gritaba.

Cuento publicado en la revista Correo Semanal. De la obra: “Tiempos de guerra – 20 cuentos sobre pasiones humanas”