miércoles, 19 de marzo de 2014


PERDIDOS EN LA FERIA DEL HOGAR

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“Si no te perdiste en la feria, no tuviste infancia”

Por Arturo Valverde

El regreso de la Feria del Hogar, después de diez años, evocará en la memoria de muchos de nosotros los entrañables momentos que pasamos en los juegos o el show del Gran Estelar. Yo recuerdo algo, el día que se perdió mi bisabuela.

Esa trágica tarde, la bisabuela Herminia vestía un pantalón negro, una camisa floreada, y una bufanda para prevenirse de algún mal viento. Nosotros estábamos a su lado con el resto de la familia que, al igual que los miles de asiduos visitantes a la feria, se distrían en los stands comerciales.

La bisabuela tenía un apetito voraz. Tan pronto como llegamos a la feria, nos encargó un combinado de mazamorra morada y arroz con leche. El postre de su devoción. Cumplimos su deseo, y seguimos nuestro recorrido.

Nosotros, los bisnietos, queríamos subirnos a los juegos. La tía, la prima, la madre, querían ver ropa o muebles. Papá, quería que se apuren. ¡Apúrense! Clásico, ¿no? ¿Y la bisabuela? ¿Qué quería ver?

Cuando quisimos prguntarle, era muy tarde. La bisabuela había desaparecido. Sin darnos cuenta, la octogenaria mujer, vecina del Cercado de Lima, al ladito de la Iglesia de Santa Rosa, que veía al ex Presidente Augusto B. Leguía, pasar con su caballo, mágicamente, se perdió en medio de la multitudinaria asistencia.

Rápidamente formamos grupos de búsqueda. Tú buscas por allá, y ustedes por allá, y nos encontramos aquí en media hora. Miren bien dónde estamos. Recuerden que en ese tiempo no teníamos celulares. 

Buscamos en todos los stands pero no la encontramos. Hasta que, uno de nosotros, distinguió a lo lejos a una insaciable mujer, devorando con su cuchara de plástico un rico postre, sentada en una banca. Junto a un tacho gigante.

Al parecer, mientras todos estábamos abstraídos con la colorida feria, la bisabuela decidió descansar para degustar el postre limeño. No nos quedó otra opción que esperar que terminara de comer. Luego, no la perdimos de vista, ni un segundo. Hasta que murió a los 99 años.

Si la bisabuela estuviera con nosotros no se perdería la Feria del Hogar, que abrirá sus puertas en julio. Tomaría un taxi al Centro Cultural Deportivo Lima, en Chorrillos. Comería sus postres, arrasaría con todo, y cantaría en el Gran Estelar, que según cuentan, contará con trece artistas nacionales y siete del extranjero. 

Que levante la mano aquél que nunca se perdió en la Feria del Hogar.

Mi cuenta en Twitter: @ArturoValverdeP
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viernes, 28 de febrero de 2014

VIAJE ESTELAR

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Con ayuda de un potente telescopio instalado en un domo, los físicos del Planetario Nacional Peruano-Japonés lo invitan a explorar la inmensidad del espacio. Nunca habíamos sido tan pequeños ni tan trascendentes.

ESCRIBE: ARTURO VALVERDE  
FOTOS: HÉCTOR VINCES
Link:  http://condenadoaescribir.wordpress.com/2014/02/28/viaje-estelar/

¡Vi algo, creo que es la Luna! -grita entusiasmada Estrella, la pequeña de cuatro años a quien su padre ha llevado a visitar el Planetario Nacional Peruano-Japonés “Dr. Mutsu- mi Ishitsuka”, en Ate. Desde hoy, esta niña que gusta de contemplar el cielo nocturno de Lima por la ventana de su casa no volverá a ser la misma.

“El objetivo de ‘Tardes de telescopio’ es hacer que la gente tenga la experiencia de observar diferentes cuerpos celestes que desde Lima, al menos, son más visibles en verano”, informa el físico Mario Zegarra Valles, del Instituto Geofísico del Perú (IGP).

Con la ayuda de un telescopio, él es el encargado de ‘transportar’ hacia otras dimensiones a los visitantes del planetario.

Los encuentros se realizan tres días por mes, hasta marzo, y son elegidos por las condiciones del cielo limeño, ese trozo de inmensidad que para algunos tiene el color gris de sus calles y para otros -como Mario Zegarra- es tonalidad marrón.

El viaje comienza a las 18:00 horas. Zegarra conversa con cada uno. Todos esperan que a las 20:00 horas el cielo se abra para mostrar sus tesoros. Con suerte, hoy unas veinte personas trendrán ‘a tiro de piedra’ a Mercurio, Venus,  Marte, Júpiter, y Saturno.

Apaguen el GPS
La fila avanza y entramos en el domo del planetario, una especie de cine con la pantalla sobre nuestras cabezas. La profunda oscuridad que nos rodea se diluye con la aparición de un cielo donde el Sol está a punto de ocultarse. De pronto, una Luna llena entra a escena y tenemos la sensación de estar atrapados en una botella.

“No hay dos atardeceres iguales -comenta Abita Quispe, física del IGP-. Ahora vamos a ver las estrellas”. Cientos de puntos iridiscentes empiezan a alumbrar la sala del domo y todos somos trasportados al espacio exterior.

El grito de sorpresa de los niños -los más entusiastas- provoca sonrisas en el auditorio. “Los chiquitos son los más curiosos, se atreven a expresar abiertamente sus emociones. Les llaman la atención los planetas”, agrega Zegarra. La pequeña Estrella continúa entre el público, al lado de su padre, viendo como ‘Las tres Marías’ forman el Cinturón de Orión.

Abita Quispe mantiene el interés de los asistentes con sus explicaciones sobre las constelaciones: Escorpio, Géminis y la Cruz del Sur. Entonces, ofrece un consejo de oro: “Si alguna vez se quedan sin GPS y han perdido la orientación, solo deben encontrar la Cruz del Sur y ella los guiará”.

“Hace poco, tuvimos un curso para los profesores, para que transmitan estos conocimientos a sus alumnos. La astronomía es la ciencia más antigua y estará con nosotros hasta el fin de los tiempos”, acota Zegarra.

¡Ahí está la Luna!
La pequeña Estrella está al final de la larga fila de espera. Antes de mirar por el telescopio, la gente recibe indicaciones de los guías del IGP, que entregan mapas del cielo con referencias para las 19:30 horas. Los participantes observan las cartas e identifican cuerpos celestes como la Luna, Capella, Júpiter, Sirio y Betelgeuse, entre otros.

“A mi hija le fascina mirar las estrellas, por las noches. Así que decidí a traerla al planetario para estimular su curiosidad”, cuenta el padre de Estrella. Su corta edad, sin duda, no será impedimento para que sea testigo, por primera vez, de las maravillas del universo.

El tiempo corre y, a lo lejos, surge la primera estrella de la noche -una que acompaña a la Luna, abriéndose paso entre las nubes. Mario Zegarra gira el telescopio y apunta los poderosos lentes en su dirección.

Dos niños son los primeros en mirar por el telescopio: “¡Apunta bien el ojo!”, le dice uno al otro. “Ahí está la Luna. ¡Veoun puntito en blanco!”. “¡Se movió, se movió!”. El cielo cambia a cada minuto y si uno quiere observar los planetas debe ser paciente. Virtud difícil de exigir a un grupo de niños tan animados.

El cielo se abre nuevamente y una niña flota sobre la Tierra, sostenida por los brazos de su padre. El papá de Estrella levanta a la niña hasta el telescopio. Ella patalea en el aire, mientras coge con sus manitas el telescopio. “¡Es la Luna!”, exclama con emoción. Todos miran hacia el firmamento, como esperando el momento de ignición para despegar, rumbo a otros mundos.

Encuentros cercanos
El equipo del planetario nacional tiene programadas tres últimas funciones de “Tardes de telescopio” para este verano. Las fechas son el 6, 7 y 8 de marzo, a partir de las 18:00 horas. La institución se ubica en la calle Badajoz 169, cuarta etapa de Mayorazgo, Ate. Los interesados pueden escribir al correo planetario@igp.gob.pe o llamar al teléfono 317-2323.

Crónica publicada en el suplemento VARIEDADES del diario EL PERUANO (Año 104//3ª etapa// Nº 358// Lima, 28 de febrero de 2014). 

DÍAS DE CORTE

Por el acero afilado de sus tijeras han pasado boleristas, empresarios adinerados, curiosos y periodistas. Hoy, en su pequeño local de Ingeniería, sus manos trabajan al ritmo de Hendrix, Jagger y The Beatles.

Link: http://condenadoaescribir.wordpress.com/2014/01/25/dias-de-corte/

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ESCRIBE: ARTURO VALVERDE 

FOTOS: MELINA MEJÍA

 Hace 52 años, Manuel Ortega Santos viajó desde la provincia de Bolognesi, región Áncash, hasta la ciudad de Lima. Traía una maleta y el sueño de ser peluquero. “Cuando era chico, cortaba el cabello de mis tíos y primos, allá, en la provincia”, dice con la mirada en lo alto, cuando el teléfono suena. En realidad, no ha parado de sonar desde hace muchos años.

– ¡Aló! –sujeta el auricular con la mano derecha–. Ya, vente en la tarde, a las 2 y media. Chao, hermano.

Al igual que en el mejor de los restaurantes, donde el comensal debe reservar con anticipación una mesa, del mismo modo a Manuel hay que llamarlo para “separar turno”. Durante su vida, ha trabajado en distintos lugares y por los filos cortantes de sus tijeras han pasado desde cantantes criollos hasta periodistas, baladistas y emprendedores en busca de un conveniente cambio de look.

“Cuando llegué a Lima, empecé a trabajar en la casa de mi hermana”, cuenta, mientras abre la puerta de su vivienda, cuya sala se ha convertido en un lugar íntimo y agradable, donde atiende a sus clientes más fieles. “A veces, vienen algunos con sus hijos. Y pensar que yo les cortaba el pelo cuando eran niños y tenía que subirlos al banquito. Ahora son más altos y fuertes”, relata con nostalgia.

Origen de una vocación
Un hombre ingresa a la sala y toma asiento en uno de los sillones. Manuel lo contempla y dibuja en su mente la cara que está por transformar. “Hay que mirar el rostro, estudiarlo; ver cómo puede lucir mejor”, apunta, como repitiendo una lección que aprendió hace mucho, cuando compraba la revista El tocado. “Era una revista muy buena; en una página tenías la teoría y en la otra, la parte práctica”.

Un buen día, Manuel decidió buscar trabajo. Así, recuerda que la primera peluquería en donde prestó servicios se ubicaba cerca de la plaza Dos de Mayo. “El dueño no cuidaba bien su negocio. Los peluqueros no usaban trajes, no eran limpios”. El aseo y la presentación son muy importantes para él. “Una vez, el dueño me acusó de gastar mucha agua. Le respondí que debía lavarme las manos para atender. En ese tiempo, a los clientes nunca les lavaban la cabeza en la peluquería”.

Pero la historia tenía reservados unas tijeras de acero inoxidable y un salón para Manuel, que pasó a trabajar en un local del jirón Puno, en el Cercado de Lima. Se presentó, ofreció sus servicios y –listo– contratado. Era extraño verlo, pues era muy joven en comparación con sus colegas que aún usaban bigote estilo bolerista.

La peluquería se llamaba “El Campeón”, antiguo salón de corte. “Yo sabía ganarme a la gente. Además de arreglarse el pelo, les cortaba el vello de la nariz, de las orejas, perfilaba el bigote. Siempre andaba de buen humor y hasta bailaba al son de la música”. El costo por corte de  abello era de tres soles de oro. Al terminar cada servicio, Manuel siempre recibía un sol más que sus colegas: la propina, señal inequívoca de que el cliente se iba satisfecho.

“Cierto día, llegó un hombre bien vestido. Gabán y sombrero. Parecía sacado de una película de Los intocables. Me dijeron que trabajaba en un periódico de por ahí cerca”, intenta recordar con dificultad. “Le dije: ¿Señor, no se va a atender? Sí, joven, pero estaba esperándolo a usted; esa fue su respuesta”. Allí, fue el campeón durante cinco años.

Por aquel entonces, le llegó la noticia del nacimiento y expansión de una nueva urbanización al norte de la ciudad, Ingeniería, en el distrito de San Martín de Porres. Si el corte de cabello valía tres soles en otros locales, en el naciente barrio Manuel cobraba 10. “¡Y la gente, pagaba; calladita!”.

Era 1968. Manuel –que como buen provinciano escuchaba rock, salsa y huainitos– atendía a sus clientes como cualquier otro día, cuando de pronto ingresó un hombre vestido muy elegante. Chaleco de lana, zapatos con tacos aperillados y un Longines que resplandecía al sol. Era don Moisés Mosquito, dueño –en aquel entonces– de la línea 50, la empresa de ómnibus de pasajeros más grande de Comas e Independencia. Luego de ser atendido, el cliente se dirigió al peluquero: “Joven, quiero que también corte el cabello a mis hijos y a mis nietos”. Los hijos de don Moisés aún estaban en edad para darle nietos. Manuel recuerda la anécdota con cariño.

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Años de sicodelia
Pasó cuatro años trabajando en aquel local, compartiendo las ganancias. Manuel era uno de los más caros, pero a la vez uno de los más solicitados. Hasta que un día se decidió por alquilar un local propio. Hacerlo suyo. A su estilo. Así fue que empezó como independiente en la tercera cuadra de la avenida Eduardo de Habich, entre la Panamericana Norte y la emblemática avenida Túpac Amaru.

Corría el año 1970 y el emprendedor estilista se consiguió algunos pósters de Los Beatles, Pink Floyd, Jimmy Hendrix y Emerson, Lake y Palmer, entre otras bandas de la época. Con los coloridos afiches, empapeló las paredes de su salón. “Solo podías ver los espejos”, explica. Se compró también un tocadiscos y empezó la era sicodélica en el negocio. Él iba a trabajar en jeans, camisa floreada, y cadena de plata al cuello. Usaba una cabellera abundante, como la del “Puma” Rodríguez en su mejor momento.

En la puerta, colocó un fluorescente que alumbraba un lila cegador. Como el techo era blanco, Manuel dibujaba guitarristas, aves, chicas, con el humo de una vela encendida que colocaba en el extremo de un palo de escoba. “Estaba loco en ese tiempo”, se ríe, cual hippie extraído del túnel del tiempo.

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Tijeras y revistas
A la vez que adquiría longplays, empezó a comprar las revistas Penthouse y Playboy. “En ese entonces, las únicas revistas de chistes eran Lulú, Superman y La Bruja Hermelinda. Aún no había Condorito”. Sin duda, no eran del gusto de su público. Así que a los jóvenes les entregaba las revistas prohibidas entre un periódico. “A veces solo venían a verlas y se iban”, ríe.

Aunque siempre soñó con que, algún vez, estrellas como Hendrix y Jagger entraran a su salón, cierto día, otra clase de estrella llegó. Era el cantante de boleros Iván Cruz. “Venía mucha gente, baladistas como Mitchell, por ejemplo”. La voz de estos clásicos del bolero aún resuenan desde los amplificadores Phillips que Manuel ha instalado en su sala. Tiene más de 200 longplays, que, por turnos, aún giran en su tornamesa Technics. “Los discos de vinilo siempre serán mejores que los CD. El sonido no tiene comparación”.

“Ahora me llaman Cristóbal Colón –dice–, porque aquí les descubro la pinta a todos”. Manuel tiene tres hijos, está felizmente casado y aún no piensa en jubilarse. “Mientras haya cabello que cortar, siempre habrá Manuel”, proclama en tono de aforismo.

Manuel Ortega, aquel joven que empezó su carrera a los 17 años, está a punto de cumplir 70. “Aunque el 69 me gusta más”. Hace su broma y solito se ríe, antes de darme un calendario que conservaba escondido detrás de unas cortinas. Es la imagen de una rubia en tanga, apoyada sobre las teclas de un piano de pared. En el reverso, se lee: “Manuel – Alto estilismo. Les desea a todos sus clientes y amigos un venturoso año 2014”. El timbre del teléfono se mezcla con el inicio del Dark Side of The Moon, de Pink Floyd. “Ahora sí, ¡que empiece la magia!”, da un tijeretazo certero y el primer mechón negro cae sobre el parqué.

(Crónica para el suplemento VARIEDADES, del diario EL PERUANO, publicada el 24 de enero de 2014)

martes, 25 de junio de 2013

EL TEMA NO ES AMPLIO: LEA



¿Te imaginas subir a una combi y darte con la sorpresa que los pasajeros viajan leyendo, con un libro en sus manos? Si tú puedes imaginártelo, yo creo que puede ser una realidad. Para ello, junto con Jorge Carrillo y Cecilia Conga, fundamos el Colectivo "Promovamos la lectura en las combis", que tiene como meta motivar la lectura en todos los espacios públicos y todos los medios de transporte.
En la actualidad, somos testigos de los diversos problemas sociales de nuestro país. La delincuencia, el pandillaje, la drogadicción y la violencia en todas sus manifestaciones conducen a los integrantes de una sociedad hacia un mal ánimo y desesperanza, ante la casi imposible tarea de luchar contra esta problemática.
Frente a esta, nosotros proponemos como una de las posibles soluciones, la lectura. Un hombre o una mujer que lee crece como persona, crece como profesional. La lectura puede hacernos mejores hijos, mejores padres. Si los jóvenes leyeran no buscarían en la violencia el medio para expresar su disconformidad frente a los problemas que puedan atravesar, cada uno en su realidad. Tendríamos más jóvenes incursionando en facetas más productivas, como el arte.
La lectura además es una respuesta frente a la tan mencionada "falta de oportunidades", porque nadie podrá negar que una persona que lee amplía su creatividad que puede ser aplicada en los negocios. Un lector ve más oportunidades. Un lector sabe como autogenerar su propia economía. Encuentra más de una solución frente a un problema.
Además, la lectura es la respuesta frente a la tan criticada, por algunos sectores, sobre la "educación" que se imparte en las aulas de colegios como universidades. Un estudiante que lee será un mejor doctor, ingeniero, periodista, será un mejor político que pueda comprender con un panorama amplio los problemas de su país y podrá encontrar soluciones creativas para hacer frente a la pobreza o injusticias sociales.
Aquellos que les gusta el debate, viven de la crítica y el análisis, dicen siempre al final: "El tema es amplio".
¡No, señor!. Es hora de hacer, de construir. Es hora de andar sobre la marcha e ir haciendo frente a los baches, rompe muelles, vallas que en nuestro camino aparezcan.
Hemos hablado mucho, hemos vagado mucho -tal vez juntos- hemos vivido y vivimos con pasión por nuestros ideales; algunos estamos cansados de ser testigos de la historia y hemos empezado por convertirnos en actores de la historia. 
Cuando se lanzó el Colectivo "Promovamos la lectura en las combis", tuvimos como objetivo lograr que la gente lea más, ver más gente leyendo, que los niños vean a sus padres leyendo e imiten este ejemplo.
La crítica dice: "En una combi no se puede leer, me muevo mucho". "Me voy a quedar ciego".
Algunos son muy literales y extremistas cuando menos deben. No le digo súbase y póngase a leer. Por último, la combi, es sólo un símbolo.
Decimos que si existe la oportunidad de leer mientras viaja, hágalo. Aproveche su tiempo. 
Aproveche el tráfico para leer. 
Verá usted como leyendo se avanza más rápido.

Arturo Valverde
Lima, 25 de junio de 2013

jueves, 26 de julio de 2012

Mis entrevistas

A continuación un resumen de las principales entrevistas que tuve ocasión de atender con motivo de mis publicaciones Haciendo Cuentos y Un Gol para la Mona Lisa:



Programa: De la Noche a la Mañana
 
http://arturovalverde.blogspot.com/2010/10/de-la-noche-la-manana-entrevista.html
 
Diario: El Peruano
 
http://arturovalverde.blogspot.com/2010/02/la-mona-lisa-en-el-peruano.html
 
Diario: Perú21
 
http://arturovalverde.blogspot.com/2010/01/mencion-en-peru21.html
 
Programa: Noches de sábado
 
http://arturovalverde.blogspot.com/2009/12/entrevista-radial-en-noches-de-sabado.html
http://arturovalverde.blogspot.com/2009/08/entrevista-arturo-valverde-en-rpp.html
 
Semanario: Vox Local
 
http://arturovalverde.blogspot.com/2009/12/noticia-en-diario-vox-local.html
 
Programa: Jorge Bruce en Radio Capital
 
http://arturovalverde.blogspot.com/2009/12/entrevista-en-radio-capital.html
 
Programa: Punto de Encuentro de Radio Nacional
 
http://arturovalverde.blogspot.com/2009/04/entrevista-radial.html
 
Diario Peru21:
 
http://arturovalverde.blogspot.com/2008/11/per21-anuncia-un-gol-para-la-mona-lisa.html
 
Revista: Variedades del Diario El Peruano
 
http://arturovalverde.blogspot.com/2008/11/blog-post.html
 
Noticias en webs:
 
http://arturovalverde.blogspot.com/2008/11/httpwww.html
 
http://www.rpp.com.pe/2008/10/25/presentaran_libro_de_cuentos__un_gol_para_la_mona_lisa__de_arturo_valverde_/nid_142929.html
http://www.agenciaorbita.org/index.php?option=com_content&task=view&id=2174&Itemid=62

http://www.pressperu.com/index.php?option=com_content&task=view&id=1960&Itemid=67

http://perureporter.com/noticias_generales.php?vcodigo=48

http://urbaniablog.blogspot.com/2008/10/un-gol-para-la-mona-lisa.html

http://www.larepublica.com.pe/content/view/252645/632/

http://peru21.pe/impresa/noticia/agenda-cultural/2008-10-28/228559

http://m.rpp.com.pe/d.php?nid=142929

http://www.universiando.com/libreria/publicaciones/libros.php?id_data=3599

http://www.universiando.com/libreria/

jueves, 3 de mayo de 2012

Sabe a cuento

Hasta ahora me pregunto en qué momento, precisamente en qué momento, nace un cuento. Hace unos días estuve presente en la fiesta infantil de la sobrina de mi novia, Karina, y entre todo el alboroto de los niños y niñas que correteaban entre los muebles de la sala, dejando un rastro de canchita y caramelos a su paso, surgió de pronto una idea cuando vi a un pequeño de menos de un año de edad tambalearse por entre los invitados, sin desprender por un mínimo instante su mirada de un carro azul de plástico que sostenía en sus manos.

A pesar que la "hora loca" de fiestas infantiles había iniciado, el tropel de niños alborotados y ansiosos por ver caer de un garrotazo la piñata que pendía del brazo del padre de Karina, no pudieron apartarme de aquel estado de trance en el que me había sumergido, a esa otra dimensión en la cual me había adentrado, había sido propulsado con sólo ver por unos segundos la imagen de ese niño que, ahora, se entretenía adivinando los sabores de su carro de plástico color azul.

Pasaba y repasaba su lengua por las llantas, el parabrisas y el tubo de escape al tiempo que miraba al grupo de papás y mamás apoltronados en los sillones a su alrededor. Detrás suyo, su joven madre lo perseguía, atenta a que no hubiera de perder el equilibriio y terminara cayendo de cara al piso.

Mientras yo participaba de todas las acciones como un espectador, surgió de pronto con la imagen del niño que chupaba el coche, una pregunta: ¿A qué saben los carros? No era yo quien se interpelaba a sí mismo. No. Era la pregunta que debería estarse haciendo aquél pequeño. Al menos así lo creía yo. Estaba convencido que así lo era. Pero a qué se debía este estado de certeza absoluta que me embargaba. Al parecer, mi conciencia se había trasladado a la mente de ese niño.

Rápidamente, en un misterioso proceso creativo, algo me dice que esa pregunta será, si no la primera línea con la cual comenzará mi próximo cuento, mi cuento en evolución, será de todas formas la pregunta que debería hacerse mi personaje en el trascurso o desarrollo de mi obra.

Esa pregunta, esa breve línea, me permitirá entonces comenzar a escribir mi nuevo cuento. Se alargará como un mismo signo vital en mi cuaderno, el latido de un corazón in crescendo, llenando cada página y los diálogos fluirán vertiginosamente, sin esfuerzo alguno.

Pero este niño aún no sabe hablar, apenas ha aprendido a caminar. No importa. Yo haré que hable, haré que converse con otros niños, me convertiré en él y su voz será la mía, al igual que su silencio y todas sus emociones. Me desdoblaré una vez más para poder narrar con exactitud lo que el niño ve, lo que el niño siente y escucha, y sobretodo lo que para ese niño y para mí, ese carro, sabe a polvo del piso revuelto con baba. Me sabe a un cuento.

                                                                                                                         Lima, 03 de mayo de 2012

jueves, 24 de febrero de 2011

¿Qué estás leyendo?

AL ESTE DEL EDÉN


Tenía que leer este libro. Por años estaba en los cajones del abuelo, en la parte alta de la biblioteca de mi papá, y siguiendo esta tradición terminó en el mismo lugar en mi propia biblioteca, como un libro rechazado. Sin embargo, una noche, luego buscando algo nuevo qué leer miré arriba, casi al techo, y vi al colección de libros azules, no recuerdo que editorial, de premios nobeles, y tomé este libro de Steinbeck, que si bien ya había leído una obra anterior de este mismo escritor, esta obra, pensé, me sería de gran ayuda para poder explorar más a fondo la creación de la novela, y lanzarme a escribir una algún día -que dicho sea de paso la estoy escribiendo; será una novela corta, o un cuento largo- y vaya que me fue de gran ayuda.

La estrcutura en que es planteada la novela, y el lenguaje que usa Steinbeck me encantan. Es el tipo de lectura que me apacigua y entretiene.

Ahora que he leído esta obra, creo que estoy listo para ver la película, en la que actúa James Dean, y dirigida por Elia Kazan.

Lean este libro, es buenísimo, y vean la película.



LAS DAMAS LOCAS


Llegué al puesto de ventas de libros de un amigo preguntándole si tenía un libro donde pudiera leer acerca de la psicología sexual de la mujeres, algo que me ayudara a comprender por qué a algunas no les agrada que las besen, otras solo desean tener sexo oral, a otras no les gusta que las vean desnudas completamente, y tantos caprichos, manías, ideas y situaciones raras en las que estudes deben haberse visto al igual que yo, y resulta que, este amigo, me sugiere que lea este libro de Joyce Elbert, donde el autor nos cuenta la historias de algunas mujeres que comparten estas rara o locas ideas.

Leí el libro en corto tiempo, el lenguaje es sencillo directo, y por allí creo haber identificado a algunos de los personajes con algunas personas... Es apasionante esta tema, al menos para mí. Este libro ya forma parte de mi creciente colección de literatura erótica.

Así es que aquellos que comparten los mismos gustos y pasiones, les sugiero la lectura de esta obra.